Tener una vida saludable no tiene por qué ser una batalla eterna (parte 3)

En la hoja de resultados de la química sanguínea, diversos valores parecían normales o dentro de rango. Pero uno tenía un asterisco:

GLUCOSA = 115 mg/dL.*

La nota al pie de página me dejó frío: “* Prediabético”. Lo narro y vuelvo a sentir escalofríos. Mi abuela Flor, mi padre, uno de mis tíos, todos padecieron diabetes. Me aterraba la idea. Me imaginé a MaJo ya adolescente diciéndome: “Papi, alístate para que te lleve a tu diálisis”.

Hoy lo veo en retrospectiva: por supuesto, para diagnosticar una condición de salud como ésa se requieren más estudios, pero agradezco el tremendo susto que me llevé, pues me hizo cambiar. Hace poco escuchaba a un conferencista decir: “¿Cómo puede alguien afirmar que ama a su familia y no cuidar su salud? ¿No se da cuenta la carga que les representará?”. Estoy totalmente de acuerdo. No se trata entonces sólo de amarse a uno mismo, sino de pensar en los que nos rodean. Y eso me sucedió, pensar y decidir que me gustaría estar sano para durarles el mayor tiempo posible a mis M&M, poder disfrutar de la vida, no ser una carga.

Y así, literalmente, mi vida cambió. Hoy, más allá de mostrar una foto actual para compararme contra mi físico de hace 6 u 8 años, puedo decir con alegría y satisfacción:

GLUCOSA = 85 mg/dL.

Niveles normales, de una persona saludable. Puedo afirmar con alegría que a mis 50 años la mayoría de mis marcadores de salud están en rangos adecuados: presión, triglicéridos, colesteroles, porcentaje de masa grasa y músculo esquelético, circunferencia de cintura, en fin. Pero sí, el trayecto ha sido harto complicado, pues aunque estamos en la era de la información, de mucha información, estamos desinformados.

Las dos primeras entregas de este artículo contaron mi largo y accidentado camino para seguir dietas y bajar de peso, así como para realizar actividad física de manera regular y sostenible con el mismo objetivo. Esta tercera parte tiene por objetivo no sólo hablar de lo que he logrado, sino comenzar a compartir con ustedes algo de lo que he aprendido, esperando de todo corazón que alguien lo encuentre útil. Lamento dejarlos en suspenso, pero hay tanto por decir, que me tomará tiempo. La trilogía aquí se acaba, participándoles que hoy puedo afirmar que sé comer saludablemente, que lo hago la mayor parte del tiempo y lo disfruto; que me ejercito cinco o seis días a la semana y no saben cuánto lo gozo, pues sé cómo hacerlo, entiendo el cómo, el porqué y el para qué; que me muevo bastante a lo largo de cada día, ya que camino en promedio 10 mil pasos diarios; que he podido completar varias carreras de 5 y 10 km y tres medios maratones (es que sólo estoy medio loco…), así como algunas carreras con obstáculos (SpartanRace y Urbanatlón); que me he lesionado y me han operado del hombro y la rodilla, pero que eso me ha servido de aprendizaje. Todo esto me ha dejado algunas lecciones que intentaré resumir en 10 principios, a cada uno de los cuales dedicaré una publicación. Los enumeraré a manera de índice, ya que, por supuesto, no se pueden entender aislados, sin la lectura correspondiente. Aquí los tienen:

  1. Volvamos a los orígenes.
  2. No existe ni la mejor dieta, ni el mejor programa de ejercicios.
  3. A la mierda las calorías.
  4. El diablo está en los detalles.
  5. El elevador hacia el éxito está permanentemente fuera de servicio, hay que tomar las escaleras.
  6. Si tienes tiempo para las redes sociales, tienes tiempo para ejercitarte.
  7. La perfección es enemiga de la acción.
  8. No es cierto que haya que comer de todo.
  9. La fuerza de voluntad puede no ser suficiente.
  10. Afila el hacha.

Cada semana publicaré algo, alternando entre estos principios y mi opinión acerca de noticias o novedades relacionadas con la alimentación saludable y la activación física. Gracias por seguir leyendo.

juanpa-atusalud

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