El Diablo está en los detalles

Te invito a que “Googlees” sobre los beneficios de “Tomar una taza de agua tibia con jugo de limón por las mañanas”.  Encontrarás miles de entradas. Conozco a muchas personas que siguen esta rutina religiosamente. Qué bueno que se hidraten y que obtengan algunos de los nutrientes del limón. En muchos casos, la principal motivación es porque (se supone) “ayuda a quemar grasa” (ergo perder peso). Así como esa, hay muchas otras “recomendaciones de hábitos o prácticas saludables” en el conocimiento colectivo, entre las que puedo citar:

Quitar los saleros de los restaurantes (de hecho, esto es legislado en México). Añadir picante a los alimentos para acelerar el metabolismo (es decir, una vez más, incrementar la quema calórica). Tomar una copa diaria de vino (supuestamente por los beneficios de los  antioxidantes que proveen).Comer cada tres horas (supuestamente para evitar que llegues con mucha hambre al siguiente tiempo de comida).No comer carbohidratos (en algunos casos incluida la fruta) después de las 6 p.m.

No me pondré aquí a “desmitificar” esas creencias o medidas. Con excepción de la recomendación de tomar vino, las demás no representarían algún perjuicio. Sobre lo que quiero llamar tu atención es que a veces, cuando queremos adoptar hábitos saludables, iniciamos por aquellas cosas que no son más que detalles, en vez de tomar acciones de alto impacto (ojo, no quiere decir que sean más difíciles).

Acciones estratégicas

Imagina que tienes un sueño que quieres cumplir, por ejemplo, viajar a una ciudad lejana. Caigamos en el cliché y digamos que quieres conocer París. Entonces, pensando estratégicamente, decides elaborar un plan, una hoja de ruta para lograr tu sueño. Hay tantas cosas por definir, por hacer. Creo que lo primero que tendrías que resolver son los grandes temas: cuándo piensas viajar y cuánto tiempo permanecerás allá, de lo que derivan los posibles costos del avión y del hospedaje. De ahí seguiría algo de nivel medio: lugares por visitar (museos, sitios históricos), costos, horarios y fechas de apertura de esos lugares; para terminar con los detalles, por ejemplo, qué asiento solicitarás en el avión, o si tienes un cargador para tu celular adecuado para la toma de corriente que se usa en Francia.

¿Te imaginas que tu primera preocupación para planear u organizar tu viaje sea esto último? Es decir, que antes de decidir las fechas para viajar, que comiences a ahorrar o reserves el avión o el hospedaje, lo primero que hagas sea correr a comprar el adaptador para corriente. Y por supuesto hay muchas, muchas decisiones de cosas “pequeñas” que deberás tomar: cuando estés allá decidirás si compras un “croissant” o un “pain ou raisin”, o si de souvenir para tu familia traes posavasos o un rompecabezas del museo. Pero los grandes temas, las cosas que tienen el mayor impacto en tu viaje son tres o cuatro: fechas, presupuesto, boleto de avión y hospedaje.

Regla de Pareto

Es entonces donde el conocido principio o regla de Pareto podría entrar en juego, extendido a nuestro tema: un 20% de las cosas por definir o atender, tienen un 80% de impacto en el resultado. Y a la inversa, un 20% del resultado, estará explicado o influido por un 80% de los factores. 

Regresando al bienestar y a la salud, es importante identificar ese 20% de acciones o hábitos que impactarán en un 80% del resultado. Créeme, tomar diariamente en ayunas una taza de agua tibia con limón no está en las acciones de alto impacto.

Pensando en que nuestra salud y bienestar están definidas por diversos aspectos, entre los que destacan la alimentación, hidratación, descanso o recuperación, manejo del estrés y actividad física (ejercicio), antes de hacer ajustes o adoptar hábitos que no son más que “detalles” que poco o nulo impacto tendrán en el gran resultado que buscamos, déjame sugerirte una lista de hábitos estratégicos que bien podrías considerar como parte de ese 20% y que podrían apoyar el 80% de tus futuros resultados:

Come comida real o mínimamente procesada 

En la medida de lo posible descarta comida procesada o ultra procesada. Piensa en todo aquello que podrías encontrar en la naturaleza ya sea debajo o sobre la tierra, en el cielo o en el mar: tubérculos, vegetales y frutas, carne de ganado, aves (sean o no de corral), algas, pescados, mariscos, etc., así como materias primas: aceite de oliva o especias.

Privilegia el agua pura 

Ya sea con infusiones (o sí, con unas gotas de limón), a lo largo del día, ve a la segura consumiendo los 2 litros diarios recomendados (también es sólo una referencia, no tiene nada de mágica esa cifra). Consume sólo ocasionalmente (entiéndase, rara vez) jugos, refrescos o gaseosas, vinos y licores, así como bebidas hidratantes para deportistas (claro, a menos que seas un deportista que entrena más de dos horas diarias).

Ten una rutina de sueño

Busca ir por las 8 horas diarias (de esto sí hay bastantes estudios que soportan esta cantidad recomendada), procura tener horarios establecidos para ir a la cama y para despertarte, y un par de horas antes de dormir deja las pantallas (celular, televisión, tableta, etc.).

Medita

Y no hablo de algo místico o esotérico (que por supuesto también está bien), unas cuantas pausas de un minuto a lo largo del día para detenerte de lo que estás haciendo y observar tu respiración. ¿Cuándo sería el mejor momento para hacerlo? ¡Precisamente cuando consideras que no tienes tiempo para hacerlo! 

Muévete

Si no haces ejercicio de forma regular, podrías comenzar por salir a caminar durante media hora cada tercer día y poco a poco incrementar la duración o la frecuencia o la intensidad (una variable a la vez).  Hagas o no ejercicio, mantente activo a lo largo del día: párate de tu silla cada hora, camina unos minutos, usa más las escaleras y menos el ascensor. ¿Quieres hacer más? Busca una forma de hacer ejercicio que te parezca atractiva: box, pilates, yoga, karate, nadar, correr, clases grupales, levantar pesas, pero que te llame realmente la atención: el objetivo es que lo incorpores en tu vida.

Una vez que hayas adoptado algunos o todos esos hábitos, entonces sí, haz ajustes al nivel de los detalles finos, que sólo servirían (y eso en algunos casos, si es que realmente funcionan) para potenciar tus resultados . . .

juanpa-atusalud

Nos encantaría conocer tus comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *