Hábitos que Transforman # 5
¿Recuerdas tu primer beso? No necesariamente fue agradable. De hecho, para muchos fue incómodo, torpe, confuso. Y sin embargo, algo dentro de ti te hizo intentarlo otra vez. Con el tiempo, y con más experiencia, se convirtió en algo placentero. Lo mismo sucede con los hábitos saludables: muchas veces no nos gustan al principio… pero eso no significa que no vayan a gustarnos nunca.
La mente condiciona el gusto
Muchas veces decidimos que algo “no nos gusta” sin haberlo probado, o después de haber tenido una única mala experiencia. Le pasa a los niños, pero también a los adultos. Pasa con los vegetales, con ciertos ejercicios, con prácticas nuevas que rompen nuestra rutina. Y cuando nos negamos de entrada, jugamos el partido con la mentalidad de que vamos perdiendo 20 a 0. Como decía Henry Ford: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, tienes razón.”
A veces basta con un bolillo crujiente…
No fue sino hasta que tenía 12 años que probé el aguacate por primera vez. Antes de eso me daba asco. Solo lo había visto, y ya había decidido que no me gustaba. Pero un día, por accidente o destino, lo probé en una torta. Y… ¡wow!
Desde entonces, el aguacate se convirtió en uno de mis sabores favoritos. Hoy, trato de tenerlo siempre en casa. Sí, es un fruto muy delicado (hay algunos memes de que esperas el momento preciso para comerlo y cuando te das cuenta… ya está pasado), aún así, sigue siendo uno de mis ingredientes favoritos. Y algo similar me pasó con la torta de tamal. La rechazaba. Me parecía una exageración de masa y carbohidratos. Pero una compañera de trabajo me confrontó con algo que yo mismo decía a mi hija: “No digas que no te gusta sin haberlo probado”. Les encomendé conseguirme una muy rica, a los pocos días me llevaron una, probé una de salsa verde con pollo y… ¡me encantó! No he vuelto a comerlas, no porque me desagraden, sino porque simplemente no es algo que buscara incorporar a mi dieta. Pero la lección fue clara: probar, sin prejuicios, abre puertas.

Prueba, adapta, repite o cambia, pero no te cierres
Lo mismo ocurre con el ejercicio. En mis sesiones de Coaching 1-1 o cuando imparto talleres de Hábitos Saludables, con frecuencia escucho a las personas decir “a mí no me gusta hacer ejercicio”, o descartar todo un grupo alimenticio con frases como “no me gustan los vegetales” y yo les pregunto: ¿Cuál ejercicio probaste?, ¿cuántas veces?, ¿cuándo?, ¿con quién? ¿de verdad NINGÚN vegetal?
No todo tipo de ejercicio es para todos, ni tienes porqué comer todos los vegetales. Y está bien. Pero antes de decidir que no es para ti, te invito a:
- Buscar una clase de muestra (zumba, yoga, spinning, natación, lo que sea).
- Probar 3 formas distintas de preparar ese vegetal que no te convence.
- Darle una segunda o tercera oportunidad a aquello que hoy dices que no te gusta.
Y quizás encuentres algo que te encanta, que disfrutas, así como besar. Y una vez que lo hayas adoptado, si después de 3 semanas, 3 meses o 3 años… ya no te gusta: cambia. No estás obligado a quedarte con lo mismo. Pero cada vez que pruebas algo nuevo, amplías tu mundo, tu salud y tus posibilidades.
No lo digo yo, lo dice la ciencia
La ciencia del comportamiento respalda la idea de que probar algo nuevo puede ser el primer paso hacia un cambio duradero. Según un estudio de Lally et al. (2009), publicado en European Journal of Social Psychology, formar un nuevo hábito puede tomar entre 18 y 254 días, dependiendo de la complejidad del comportamiento y del entorno, pero todo comienza con una primera exposición voluntaria. Además, investigaciones en neurociencia conductual indican que la dopamina, liberada ante la novedad, puede aumentar la motivación para repetir una conducta, incluso si la experiencia inicial fue neutral o ligeramente incómoda (Schultz, 2016). Otro hallazgo relevante es que cuando un nuevo comportamiento se asocia con una emoción positiva, por mínima que sea, la probabilidad de repetirlo se incrementa significativamente (Wood & Neal, 2016).
En resumen, atreverse a probar algo por primera vez —aunque no sea perfecto— puede iniciar una cadena de decisiones que, con el tiempo, se convierten en hábitos estables y saludables.
Mi invitación
Así que la próxima vez que salgas de una clase de ejercicio y digas “no me gustó”, o que una receta no te emocione a la primera, recuerda: ¿Cómo fue tu primer beso? Tal vez torpe, poco placentero… Y sin embargo, seguramente terminaste por encontrarle el gusto.
Atrévete a probar. Esa es una puerta que puede abrirte caminos hacia hábitos que transforman.




Me encanta la analogía, no es fácil incorporar nuevos hábitos, se requieren acciones deliberadas, conscientes y persistentes.
Tomo esta invitación a aventurarnos a probar cosas nuevas que seguramente nos pueden gratamente sorprender, (aunque no sea así desde el inicio), lo importante es poder decir con conocimiento de causa, lo probé, lo experimenté y no me gustó o me encantó, o quizá, “me viene bien” y aunque no siempre tengo ganas de hacerlo, ya no puedo no hacerlo simplemente porque nutre mi vida.
Seamos más atrevidos y veamos qué sucede.
Alma, gracias por tu comentario. ” lo probé, lo experimenté y no me gustó o me encantó”, método fácil para ampiar nuestras opciones o descartarlas, pero como indicas, con conocimiento. Saludos.
Buenos consejos Juanpa
Gracias Adbiel, deseo sigas encontrando este Blog de interés y utilidad.